ojos de la vagabunda

vaga #6/5 adiós Thamel

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PARTE V

Generalmente escribo en el orden como me van pasando las cosas y esta es una más.

Caminando por Thamel, un día cualquiera me detuve en un quiosco enano a comprar cigarros, era una plazuela con una stupa chica, y dos muchachos tomando cervezas en el acceso del quiosco, me preguntan de donde soy, y por ahí se entabló una conversa muy animada compartiendo un cigarro con ellos, nunca habían conocido a nadie de Chile y les despertó la curiosidad, luego me sumé a su cerveza, la conversa fue grata y divertida. Ellos con sus comentarios y curiosidad y yo que soy, curiosa cómo siempre, nos fuimos de preguntas para allá y para acá. Habremos pasado una hora a las afuera del quiosco. Ahí me enteré que eran estudiantes de Arte, !!! plop !!! tanto que quiero saber de aquello !!!. Les dije, soy artista y el entusiasmo de ambas partes se encendió. Ahí, uno fue a comprar unos tipos de anticuchos y nos sentamos adentro del quiosco casi imposible de sentarse entre botellas y cajas, me di cuenta que ellos eran conocidos del dueño, el cual se sumó y sacó unos licores extraños que compartimos. A las dos horas de todo esto, me llevaron a la escuela de arte que quedaba cerca en unos callejones. Un edificio angosto en buen estado, por supuesto yo jamás habría dado con el. Me presentaron a un maestro y vi en general lo que hacían cómo trabajos, estaba ya cansada de la emoción, cervezas y licores raros. Al despedirme me ofrecieron ayudarme y llevarme hasta mi casa ya que andaba con una bolsa algo pesada, creo que cosas del supermercado. Les dije no, no me es problema, pero estaban tan entusiasmados que me fue imposible que desistieran. Me preguntaba si es bueno que conozcan donde vivo, por aprehensión que podrían volver todos los días por lo que sea y no sacármelos de encima, me la jugué a pura intuición. Llegamos a mi casa a unos 20 minutos de caminar, justo estaba el manager Khem en la entrada, al verme con los muchachos puso mala cara. Quedamos en juntarnos en dos días más en la escuela para conocer a otros maestros. Khem me habló duro, cómo traía a esos muchachos, que se van a aprovechar de ti, que volverán a decirte que su familia está mal y si puedes ayudar con un saco de arroz, plata para remedios para la abuela y ese tipo de cosas. Khem, estaba totalmente descompuesto, ya éramos amigos, me cuidaba y siempre lo hacía y muy agradecida. Le dije que eran estudiantes de arte, como soy artista me interesaba su amistad. No me dijo nada, pero que por favor que estuviera atenta a que me envuelvan en algún drama familiar. Volví a la escuela dos días después, ya más calmada vi sus trabajos y había otro maestro, cómo de mi edad, que no hablaba nada en inglés. Él me explicaba en nepalí el trabajo y trataba de venderme alguna obra ya que la escuela vive de eso, de las ventas y donaciones, más que por los estudiantes. Les expliqué que no compro nada, les cuesta a todos comprender eso, di una donación en rupias. Los muchachos no sé que le decían en nepalí a él, le hablaban por largo rato y siempre entusiasmados hasta que llamó a su hijo por teléfono, él sí hablaba inglés. Hablé con él, me dijo que en dos días más nos juntáramos en la escuela para conversar, ahí supe que él también era un maestro. Luego los muchachos me llevaron a comer algo ya era tipo cuatro de la tarde. Nos fuimos por unos callejones, un laberinto de callejuelas de no más de un metro de ancho que yo jamás entraría por esos lados, me puse algo aprehensiva a medida que nos adentramos aún más, una porque no podría salir sola, en fin seguí mi intuición y me dejé llevar. Llegamos a un antro, una casa enana y oscura, llena de humo donde había unas 5 mesas chicas y llenas, nos metimos al fondo con dificultad entre las mesas hasta encontrar la única libre. Me decían que había buena y barata comida. Ahí comimos, ellos pidieron algo para compartir. De golpe me vino mi época de estudiante, cuántas veces me fui a sucuchos con profesores, ayudantes, compañeros después de clases, el sabor a la bohemia me retornó al instante, y empecé a disfrutarlo todo a concho; cigarros, humo, cervezas, risas, conversas casi a gritos el ambiente igual a los que he estado en Chile, pero ahora en Nepal y se siente igual. Obviamente pagué todo, y tal cual cómo dijeron demasiado barato. Ellos eran muy pobres, venían de la India a estudiar a esa escuela por su reputación. Suny, uno de ellos me insistió que almorzara un día con su hermana que también vive en Thamel, él vive con ella, me decía que ella me cocinaría y me preguntaba que prefería comer, si comida nepalí o indu, pero insistió que la indu era lo mejor que hacía y me describe cosas rarísimas que cocinaba …. eso quedó en veremos. Al final me zafé de aquello, ya era todo tan intenso, ya no me daba el cuero, entre enredo para comunicarse, que uno termina exhausta, más comidas tan extrañas y picantes. Llegó la hora de retirarse, cosa que siempre lo he sabido hacer, retirarse en el momento oportuno nunca me quedo hasta el final. Ellos seguirán su juerga solos. Suny, muy correctamente me sacó del laberinto hasta que supiera donde estaba y segura de retornar a casa. Volví a la escuela el día acordado con el hijo del maestro mayor. Un personaje bajo, muy flaco y de mirada curiosa, él ya sabía que era artista. Los muchachos al entrar a la sala se deshacían en reverencias y llamándolo “master here and master there ( en inglés) ”, sentí cómo lo respetaban más que a los maestros, y después supe que él era el tutor personal de ellos por 5 años. Hasta me intimidé de saber con quién estoy al frente ya que el gran respeto a ese maestro era sentido por ellos más que por tradición. El maestro muy circunspecto me mostraba dibujos en la mesa, me explicaba las técnicas, me pasaba una lupa para apreciar la obra, los mandalas, mantras, y yo siempre preguntarlo todo, materiales, papel, sus significados, siempre enredados e imposible de absorberlos todos, no obstante, mostraba mi admiración por su trabajo. Esto duró cómo una hora y de él aprendí algo sorprendente. Son 10 años de estudios, antes de recibirse, se reciben cuando varios maestros lo aprueban y solo ahí puede firmar la obra, y pasan a ser artistas reconocidos. Se venden muchas de estas láminas de arte para turistas en la calles, pero no tienen firma, no valen, el turista por otro lado tampoco sabe mucho del valor de una firma, yo tampoco lo sabía. Ciertas tiendas más sofisticadas que sí vi que tienen esas obras a otro precio, aunque a simple vista son iguales las obras. La firma es lo que vale para los conocedores. Diez años de estudio, más que un ingeniero que se asegure que no se caiga un puente o un edificio, o un médico, quedé varios días dándole vueltas, y tuve que preguntar una y otra vez en caso que no haya comprendido correctamente, y sí, son diez años para firmar. En la firma está el nombre del artista más la palabra Lama. Los chinos budistas más educados y pudientes les compraban ellos, su mercado es para eruditos que quieren tener una obra de “Lama”.

Lama, en la cultura budista tibetana significa “maestros”, “guía espiritual”, “autoridad en la doctrina”. El Lama es pues, un director espiritual en el que se apoyará el iniciado para poder alcanzar la iluminación. Para ello, el discípulo deberá ofrecer completa sumisión al maestro, siempre bajo una relación muy cercana. ( texto sacado de Google) Los lamas pertenecen a diferentes linajes y algunos pueden llegar a ser autoridades de sus comunidades monásticas y en el ámbito del arte son los reconocidos.

Con los muchachos que ya habíamos compartido por tres días nos reíamos mucho de todo entre nosotros aunque ellos en conciencia que el maestro estaba en la sala. Él, observaba, desde su mesa. Entre medio los muchachos me mostraban sus dibujos, les pedí si podía sacarles fotos con sus obras. Ellos más que rápido me decían -queremos una foto contigo-, y de ahí más risas, y fotos. El maestro ya se levantó de la silla y quería salir en las fotos, entre las risas le puse mi sombrero, cosa que se rio sumándose a las fotos y risas. Los estudiantes disfrutaban ver a su maestro relajado, jugando con el sombrero, riendo, era en una situación única, especial para ellos que para mí. Se sentía el cariño que me habían tomado y yo a ellos. Me invitaron a pasar el día siguiente, por un ratito corto cómo me dijeron, independientemente era una festividad hinduista de varios días y por eso no estaban en clases o mejor dicho cada uno trabajando en su obra. Regresé porque me lo pidieron, pero ya había aprendido todo y no quise ser mala onda en negarme. Ahí me esperaban, me tenían un regalo. Una obra del maestro y con firma “Lama”, me quedé muda, me entra la timidez, en esas situaciones. No, no podía aceptarla. Esa obra cosa que yo ya sabía vale unos 1.500 dólares, son 1.5 mil dólares que dejan de recibir y que la escuela funciona por unos meses con esa plata. Pensaba para mis adentros que tampoco podría llevarla en la maleta viajando por el mundo, ni hueco, ni donde ponerla en ninguna parte, me complicaba. Por su insistencia la acepté humildemente y agradecí con recogimiento ( Peter, cuando me visitó en diciembre se la llevó a Chile) y ahí está la foto histórica, ……. que puedo decir……...

Gyan Dhoj Lama, su nombre, quedó totalmente enganchado conmigo. Me pidió mi whatsapp para intercambiarnos las fotos, cosa que hice, yo partía en unos días de Nepal. Me pidió que cuando regresara (en diciembre para encontrarme con Peter) que por favor nos juntáramos a comer. Me intrigó porque no es de su estilo de vida, y menos salir a comer con una mujer turista. En deuda me sentía por su regalo y curiosa a la vez del interés que me mostraba. A finales de diciembre retorné a Nepal, lo llamé y comimos. Pensé que hablaríamos de arte, quizás curioso de mi trabajo, iba preparada para compartirlo, tantas diferencias, lo de uno sin símbolos, sólo color, abstracciones, composición etc… y sin sentido para ellos. Pero ni preguntó por aquello y yo no me impuse con mis cosas. Fue una cena de pocas palabras me mostró foto de su hija de 5 años, y me contó algo de su padre y abuelo que son artistas, que empezó a dibujar a los 4 años y cómo es la tradición de la familia por generaciones de artistas, casi no tienen otra elección que seguir en eso, son “los elegidos”. Al final me dijo porque no visitaba su aldea, donde está su madre sola ya que su padre vivía en Kathmandu como maestro superior en una jerarquía estricta. .. !!! plop. !!! siempre digo que sí y después lo evaluó y en este caso más porque todo se veía muy enredado. Se viene todo un capítulo de la visita a su aldea, fue extraordinario.

 

las fotos dentro de la escuela son muy deficientes ya que habían tubos fosforescentes muy potentes para poder ver los detalles y sin luz natural, las salas eran muy chicas para tomar distancia, sin embargo, dan una idea al menos.

 
 


El arte tibetano se refiere al arte del Tíbet. Desde hace miles de años, los artistas tibetanos han desempeñado un papel clave en la vida cultural del Tíbet. Desde los diseños de muebles pintados a los murales elaborados en los edificios religiosos, prácticamente presente en todas las facetas de la vida. Específicamente, el budismo tibetano contiene el budismo tántrico, también conocido como el budismo Vajrayana. La mayor parte del arte budista tibetano puede ser visto en la pintura sobre telas o muralistas. Estructuralmente, el espacio sagrado (el centro del Universo y soporte de concentración) se representa como un círculo inscrito dentro de una forma cuadrangular. A partir de los ejes cardinales, suelen sectorizarse las partes o regiones internas del círculo-mandala. Las figuras mandálicas se deben al hecho de que las formas concéntricas sugieren una idea de perfección -de equidistancia con respecto a un centro- y de que el perímetro del círculo evoque el eterno retorno de los ciclos de la Naturaleza y puede verse ser así la reencarnación, el eterno retorno. .

 
 
 


 
 
 
 
 

incorporan muchas visiones o imaginaciones durante la meditación, y la mayor parte de la elaborada el arte tántrico puede ser visto como las ayudas a estas visiones, de las representaciones de las deidades de meditación. Un aspecto sorprendente del budismo tántrico es la representación común de deidades iracundas, a menudo representado con rostros enojados, con círculos de fuego, o con cráneos de los muertos. Estas imágenes representan a los protectores y su aspecto terrible oculta su verdadera naturaleza compasiva. En realidad, su ira representa su dedicación a la protección de la enseñanza del budismo y sus mantras, así como a la protección de las prácticas tántricas específicas para prevenir la corrupción o la interrupción de la práctica

las siguientes fotos muestran estudiantes iniciando sus estudios, y vi a una mujer joven, me sorprendió, copian imágenes previas, que son mas fáciles que los mandalas y lo que me dijeron hacen “dibujos modernos”, practican antes de pasar a los mandalas, los venden, aún sin firma.

 
 

del arte sagrado, no puedo tener juicio sobre eso, para los 10 años de estudios, se suponen que llegan a ser Lama; espirituales, meditación a través del dibujo, practicar mantras. Es como tantos siglos pintura en el occidente solo dedicados a imágenes religiosas, siempre ha sido una manera de enseñar la doctrina y por un tiempo solo se podía pintar eso o solo poder exponer esos. La creatividad como la conocemos en el siglo XX, en esta escuela no está. Pero si hay arte contemporáneo y tuve la posibilidad de ir a una inauguración con un amigo nepalés fuera de Thamel.

mi encuentro con mis amigos artistas la última foto era del hermano de uno de los muchachos lo habían echado de la escuela, después de varios años por tener problemas con el alcohol.

 
 
 

 
 
 

OTRO DIA AL AZAR

 

A diferencia de la otra festividad, “vaga #6/4, “/namaste Thamel”, IV, acá escuché música por las calles y ahí partí con la curiosidad por delante, me encontré con una procesión por la misma calle de la festividad anterior rumbo a la plaza Durbar. Era imposible fotografiar, no había espacio entre la multitud. Iban en comparsa por grupos, cada comparsa con su propia música, platillos, tambores de los más diversos tipos. Iban muchos vestidos con disfraces, bailando de a uno o en grupos. Otros con la foto grande de una mujer llevada en andas, seguro que una mujer muerta y venerada por sus hijos. Unos con inciensos prendidos. Entre músicas que se sobreponen, bailes, fieles en actitud de recogimiento, niños y adultos disfrazados, peatones siguen entre medio en sus quehaceres ajenos a la festividad, vendedores, observadores. Había mucha energía, alegría, imposible de no contagiarse. Estuve como unas 4 horas, y sin hijos, entonces disponía todo el tiempo a mis intereses, en este caso, el caos de Thamel. Hacía mucho calor. Al final llegué a la plaza entre las comparsas. Vi unos espectadores locales arriba de un templo no muy alto que estaba en ruinas y protegido por unas barreras que las habían corrido y yo no me quedé atrás por supuesto. Me subí con dificultad y qué mejor vista en altura. Solo se podía ver sobre una calle muy angosta que pasaban comparsas más chicas, sin bailes, compuestas por par de personas, pero todas con paraguas, paraguas de festividad, muy producidos, grandes y hermosos.

 

Nuevamente recién indago qué festividad y con la ayuda de Gopal. “Gai Jatra”, y nuevamente de la comunidad Newar de la previa festividad. Es un festival de baile, danza y alegría que se celebra Kathmandú. Una tradición de siglos en que un rey hizo este festival para que la reina disfrute mirándolo al pasar. Ya no hay monarquía regente, pero quedó la tradición. Además se conmemora a los miembros de la familia que han muerto en ese año.

Si resumo las dos festividades, una la fiesta de los rojos, y está la fiesta de la música y de paraguas.

 

observadores y más paraguas, estos son de los observadores del lugar donde me instalé al final, desde un templo en ruinas

 
 

ya cuando se fue acabando la festividad y la plaza empezó a quedar semi vacía, y lo di por terminada, cuando me encuentro con esta situación. Una mujer joven llevó su vaca sagrada a la plaza, la gente le rendía bendiciones, le daban zanahoria, le tiraban arroz y flores, se acercaban a tocarla. También aprendí ese día se les da homenaje a las vacas.

 
 
 
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termino con otros habitantes de Thamel. Imposibles de ignorar, son parte del paisaje, están por todos lados y de ellos no me hice amigos, pero aprendí a tolerarlos. Este ratoncito en particular estaba en la festividad, en un agujero entre las lozas del suelo observando y accidentalmente le llegaba arroz y flores como ofrendas inesperadas.

Peque Canas